Buenovel

Descargar el libro en la aplicación

Download
1

La música electrónica ambientaba el lugar, las luces brillaban en medio de la oscuridad, las personas se aglomeraban a las afueras esperando poder entrar al famoso Golden Bar.

Era una noche más en el club más exclusivo de la ciudad, solo gente de elite era bienvenida en ese lugar. Para poder ingresar se requería realizar una reservación hasta con meses de anticipación, la administración contaba con un estricto control de los invitados para garantizar la seguridad de los asistentes.

El Golden Bar se dividía en dos secciones, el restaurante, catalogado con 5 estrellas Michelin, mantenía su estatus gracias a la prestigiada Chef que dirigía el lugar, y el club que se distinguía por ser el lugar favorito de los DJ´s Internacionales para realizar sus presentaciones cuando visitaban la ciudad. Su propietario, asistía todas las noches para vigilar que todo funcionara según los estándares que el mismo había implementado. Tenía un buen sentido de los negocios, y conocía perfectamente el funcionamiento del lugar. El dinero nunca fue problema para él, sin embargo, su deseo por aprender y ser el mejor en el negocio lo llevo a instruirse en diferentes oficios fue pinche, barman, mesero, hasta llegar a convertirse en un gran chef y administrador.

Hugo disfrutaba observar a través del espejo tintado de su privado que todo marchara bien en su negocio, no solía divertirse demasiado, una vez amó con todo su ser a una mujer quien lo despreció por no ser millonario y con el tiempo se dio cuenta que las mujeres lo seguían por interés económico por lo que siempre solía evitar cualquier relación personal.

Maldita y mil veces maldita, se dijo a sí mismo, mientras bebía una copa de whisky.

Estoy embarazada, no quiero a este bebé, voy a abortar.

Entiende que somos jóvenes, no tenemos dinero y este bebe solo será un obstáculo en mi camino para convertirme en una famosa modelo.

Aun recordaba con dolor las últimas palabras que ella le dijo antes de morir, las cuales dolían en el alma, esa noche perdió a su hijo y a quien creyó era el amor de su vida.

Lo cierto es que esa experiencia vivida le dio la fuerza que requería para continuar con sus proyectos, durante algunos años había estado trabajando en secreto la construcción de ese club, ella nuca se enteró; un año había pasado desde su muerte, y aún le costaba olvidarla.

—Me voy— le dijo a Javier, su hombre de confianza- mañana tengo que madrugar para tomar el vuelo a la Habana.

— ¿Tan pronto? Acaban de llegar unas chicas extranjeras a celebrar una despedida de soltera, estoy seguro que se pondrá divertida está fiesta…

Javier se había convertido en su mejor amigo y confidente, su amistad se basaba en los negocios, ambos hacían buena mancuerna.

Hugo hizo una mueca de desagrado, no le gustaban mucho ese tipo de grupos, por lo general le traían problemas cuando las chicas se pasaban de copas.

—Envíales una botella de champagne de cortesía; asegúrate que estén vigiladas, y que ningún borracho intenté sobrepasarse con ellas. Recuérdale a los chicos que estén pendientes de cualquier tráfico se droga.

Y es que ese era uno de los problemas más recurrentes, mantener un club exclusivo lejos de la venta y consumo de drogas.

— ¿Algún otro pendiente Jefe?—bromeó Javier

—Llama a Luciana y dile que nos vamos. — le ordenó a Javier, mientras se servía otra copa de whisky y se la tomaba de golpe.

Luciana era una bellísima castaña originaria de Brasil, que fue contratada como chef en el restaurante, sintió celos al escuchar esa orden, estaba enamorado de la belleza y alegría que irradiaba Luciana, pero ella no le correspondía, solo aceptaba las atenciones de Hugo.

—Creí que dormirás solo está noche.

—Ya tienes las instrucciones para dirigir el club, Luciana se encargará del restaurante. Me avisas de cualquier inconveniente por correo, mensaje de texto y todos los medios que se te puedan ocurrir. No tengo idea de cómo son los servicios de comunicación en Cuba.

Javier asintió al escuchar la orden. Hugo desvió el tema, sabía los sentimientos de su amigo hacía Luciana, y sabía de antemano los motivos que tenía ella para declinar sus invitaciones.

Al salir de la oficina, Hugo se encontró con Luciana y salieron abrazados como hacían de costumbre, fingiendo que se coqueteaban mutuamente mientras caminaban hacia el club.

Al llegar a la salida, Hugo vio a una morena que se acercaba a ellos, portaba un vestido dorado de tirantes, su escote le permitía una excelente vista a sus pechos de buen tamaño y la escasa tela que la cubría mostraba sus piernas largas y torneadas. No negó que la chica se veía sexy, aunque rayando en lo vulgar para su agrado, y más cuando fingió tropezar para caer en sus brazos.

Sin pudor, Hugo aprovecho la oportunidad para acariciarle el trasero y meter la mano bajo el dobladillo del vestido y apretarle una nalga. La chica sonrió y pegó sus caderas hacia el buscando su erección.

—Es una pena que está noche no tenga ganas de follar con una vulgar ramera. — le dijo al oído.

Lo siguiente que sintió fue un golpe seguido de ardor en su mejilla.

La morena se sentía furiosa, nunca la habían humillado de ese modo, se dio la vuelta y salió del edificio jurando nunca volver.

A Hugo no le preocupaba perder esa clase de clientes, quienes solo se acercaban a ese lugar en búsqueda de sacarse el premio gordo al enredarse con alguien de dinero.

Luciana se había acercado al bar a dar unas instrucciones antes de su partida, observó la escena desde lejos, odiaba tener que actuar como la tapadera de su amigo para liberarlo de sus conquistas.

— Necesito renegociar mi contrato laboral— comento sería Luciana.

— ¿Qué ocurre? ¿No te sientes a gusto? ¿Ocurre algo en la cocina? ¿Podrá esperar a que regrese de Cuba? —Hugo comenzó a hiperventilar. No podía cancelar el viaje que cada año hacía en compañía de su familia.

Luciana comenzó a reírse al ver a su amigo tan asustado.

—Tranquilo, es solo que en mi contrato laboral no se especifican las actividades de acompañante, espanta conquistas ni mucho menos psicología.

Hugo esbozo una sonrisa.

—Como pago a esos servicios extra, tienes un horario de trabajo cómodo, siempre estoy pendiente de tus traslados de casa al restaurante y sobre todo de pagar una niñera para el cuidado de mi sobrino.

—Vale, solo por eso último te ganas el "Best Place to Work".

—Estos días Javier estará pendiente de ti, él se encargará de coordinar tus traslados, ya le dejé indicaciones sobre tus horarios de trabajo, aunque no parece muy convencido, siempre me reclama por consentirte tanto.

Luciana asintió mientras se le formaron unas lágrimas en los ojos. Tenía más de 5 años de conocerlo y no podía estar más que agradecida con él. Lo quería como a un hermano y mayor fue su admiración hacia el después de que su novio la abandonó dejándola postrada en una cama con un embarazo de alto riesgo y Hugo la ayudo a salir adelante. Desde casa lo ayudaba a diseñar menús y algunas labores administrativas del restaurante.

— ¿Has pensado sentar cabeza algún día? — Le preguntó Luciana.

—Digamos que no ha llegado la indicada, todas me buscan por mi posición, creen que por pasar una noche bajo las sabanas conmigo van a obtener un pase VIP al club, hasta ahora no he conocido a ninguna mujer que realmente se preocupe por como estoy.

—Espero que pronto llegue alguien a tu vida, no es sano que sigas así. Hace un año que murió Alessandra, y solo quiero verte feliz. — coloco un mano en la mejilla de Hugo.

— ¿Cuándo vas a dejar amarrar el lazo? Javier está loco por ti, es un buen chico, deberías darle una oportunidad.

Luciana suspiró, aún tenía miedo de iniciar una relación, y más siendo madre soltera.

—Gracias por traerme, pensaré en tu propuesta, dale saludos a tu familia y diviértanse en sus vacaciones. —le dio un beso de despedida y se bajó del auto.

—Dale un beso a mi sobrino y cuida a Javier en mi ausencia, últimamente lo he visto un poco estresado.

Luciana comenzó a reír al notar que su amigo insistía en el tema y camino hacia la puerta de su casa.

Hugo espero paciente a que su amiga entrara a su casa, y después se marchó pensando en las palabras que le había dicho Luciana.

Capítulo siguiente