Buenovel

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Números rojos

—Está bien, no molestaré. Ahora baja eso que me pones nervioso –dijo volviendo al pasillo y cerrando la puerta con el pie, profiriendo una protesta—¡Qué amargado!

Santiago le miró marcharse, dejó el abrecartas de nuevo en la gaveta y volvió a su estado de ensimismamiento absoluto. Por lo menos en esos escasos momentos de paz, como ese instante, podía permitirse volver a pensar en sus dilemas personales. Había estado cavilando casi toda la noche, recapitulando el asunto y acomodándolo de la manera en que podría ocurrírsele alguna alternativa; todo era referente a lo que harían Diana y él de ahora en adelante.

La respuesta de ella resultaba más que obvia y él mismo no lo había negado en ningún instante. Tampoco lo expresó con las palabras exactas; decir un escueto "te amo" hubiera sonado demasiado pronto e impertinente. Eran palabras muy grandes.

Seguir las cosas paso por paso era lo más lógico y eso, precisamente le conducía al mismo dilema; Luca había termina