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Dama de 2 hombres
Gisela149
No la merece

Una de la mañana.

Demasiado temprano, ni siquiera había dejado de infligir su latente luz aquella luna menguante en ese rato en el que se despertó. Con el leve sobresalto del sereno silencio que irradiaba su habitación.

Un silencio tenuemente apagado. Sólo el eco de su respiración y los sonidos de aquella habitación de al lado.

Él permanecía allí, simplemente tumbado sobre el mullido colchón de su recámara. Las cortinas no estaban corridas y el tenue halo de luz de luna se filtraba entre el vidrio sucio de la ventana. Su mirada estaba clavada en el oscuro cielo y su mente, en algún lugar de su conciencia.

El sonido era apenas audible, pero le torturaba de sobremanera, que sentía unas ganas furiosas de levantarse y romperle la cabeza al bastardo de su hermano.

¿Porqué tantas ansias? Después de todo, estaba ya en el pasado. El tiempo se encarga de borrar esas cosas, ¿no?

El rumor de los muelles de aquella cama se incrementaba. De aquel lecho, a pocos metros de donde él estaba.

Tomó una de sus almohadas y se cubrió con ella, como si quisiera ahogar el eco de aquel insolente ruido, porque, para su maldita suerte, podía escucharlo.

Escucharlos.

Nah, no había porqué culparla a ella, sino a Luca.

El tiempo había corrido con la velocidad del viento, sin borrar aquella sensación que se había despertado en él, en esa tarde de verano hace poco más de un año, cuando la vio en el umbral de su casa, justo cuando él había regresado de la oficina. No llamó su atención por su figura (que no era digna de una diva) ni siquiera por el tono de su cabello; un raro color rosa. Atrajo su indiferente atención debido al revuelo armado en la sala. Él apenas iba a preceder a su desenfadado saludo cuando Luke se interpuso entre ambos.

- Ella es Diana, mi novia -recordó la fría voz de Luca como siempre en una inútil imitación de sus propias expresiones.

Tonto hermano menor

A él le hubiera dado igual. No había nada extraordinario en aquella chiquilla insulsa de quince años. Claro, eso había pensado entonces y sin conocerla; pero los meses siguientes y en los pocos lapsos de convivencia en familia, su opinión había variado un poco.

Sólo un poco, según él.

Diana era demasiado vivaz, y puede que un poco molesta en sus conversaciones (molestia debido al énfasis de sus comentarios). Astuta, por lo menos parecía que tenía una buena cabeza sobre los hombros.

Demasiado para un bastardo déspota como Luca.

¿Le envidiaba acaso? ¿Qué podía envidiar? ¿Qué su hermanito menor tuviese novia y él no?

Bah, ese tipo de idioteces no tenían porqué importarle. El era el prodigio de la familia y recientemente la mano derecha de su padre en las cuestiones empresariales, no el mocoso remilgado y problemático que solía ser Luca.

Pero así como los dedos de la mano no son iguales, la personalidad y la relación entre hermanos tampoco lo era. Santiago le llevaba cinco y años de diferencia y casi una vida de experiencia. Luca, era quien realmente competía demasiado por igualar el nivel académico de su "admirado" hermano mayor y lograr un poco de atención de su padre.

Así solían ir las cosas, de un modo bastante tolerable. Entonces todo se complicó...desde su propia perspectiva.

El mullir del colchón se intensificó, sacándolo de su embelesamiento. Y esta vez pudo escucharla murmurar desde el cuarto vecino.

— Luca..humm... Si...

Acompañado de los escuetos gemidos de su hermano. Sentía que el rechinido de la cama le taladraba la cabeza.

¿Qué carajos había visto ella en Luca? Más allá de la pinta de chico malo, no había mucho de dónde escoger. Sería su hermano menor, pero el muchacho no valía mucho moralmente hablando. El había cambiado, desde entrada ya a la llamada "edad problemática". Se había alejado mucho de la familia y llegaba a deshoras de la noche y si es que le venía en gana regresar a dormir.

Santino sabía que se había hecho de amistades con unos tipejos considerados como la lacra del pueblo, un tal Gio y otros dos matones más.

Y tras meterse en un par de líos, hubo una temporada tranquila. Fue cuando conoció a Alexa.

Ahh...Luca...

El maldito crujir de la cama, de nuevo.

¡Basta!

El profundo sentimiento de enojo lo doblegó.

A mitad de la noche, y en medio del barullo mental y emocional, se levantó arrojando las sábanas y la almohada con un desdén y enojo casi exagerado. Como si quisiese atenuar levemente el enojo y…

¿La envidia?

Porque era eso, ¿no? Era esa la razón por la que no podía conciliar el sueño, sosegando el barullo a un ruido de fondo. Por eso…

Por eso le corrompía escucharla… escucharla teniendo esos jadeos, esas expresiones por alguien que no era él.

Por su hermano. No era el hecho de que fuese alguien que no era él, le habría valido mil diablos si fuese algún otro imbécil imberbe de su escuela… le dolía y le ardía en el orgullo que fuese SU propio hermano menor. Le ardía y le atenazaba el corazón con un sentimiento demasiado estridente, como el despertar de un volcán a punto de erupcionar, a punto de soltar una densa lava que corroe y corrompe todo a su alcance.

Pero era SU ira y su resentimiento al fin y al cabo, poco o nada podía hacer.

Les seguía escuchando y ella clamaba el nombre de su hermano con un apego intenso.

"La chica que nunca tendría él", pensó mientras inconscientemente salía de la cama. Emergió de la habitación, casi en un andar sonámbulo. Azotó la puerta lo más fuerte que pudo, haciendo caso al inmiscuido resentimiento que revoloteaba en su cabeza y se dirigió al cuarto de baño, sin siquiera mirar de reojo la portezuela del cuarto de Luca.

Maldijo mentalmente ese instante. Una cosa era el aprovechar el hecho de que sus padres estuviesen de viaje durante el fin de semana y otra era el cometer aquel descaro.

Se desnudó sintiendo el pulso de sus manos en un asir trémulo, aun cuando arrojó las prendas al piso.

Apoyó la espalda contra la pared sintiendo en ésta el temple de los mosaicos, en contraste con la tibia agua que brotaba de la regadera. Los mechones ébanos de su cabello se quedaron dispersos bajo el pausado chorro.

Diana…

El sólo nombre recurrió a su mente, casi como el destellar de un relámpago en medio de una tormenta de verano.

Pensaba en ella, se había quedado clavada en su mente, inamovible de sus anhelos e imborrable de su mente. Había atesorado una morada allí, en esa zona consiente e inconsciente. Desafiante ante la lógica de su pensamiento.

Diana. La novia de su hermano.

La chica que estudiaba, convivía y salía con su hermano menor.

Mientras que él… seguía ahí. Atrapado en esa cámara invisible edificada por el ladino e indiferente Luca, quien sólo se deleitaba en silencio al nombrársela una y otra vez. "Diana, mi novia" así, con ese tono tan escueto y seco y al mismo tiempo tan lacónico y burlón. Como la aplomada risa de un demonio lascivo.

Aspiró. Inhaló y exhaló nuevamente. Su mano tanteó hacia el jabón, sin tocarlo ni asirlo. Se deslizó hacia abajo.

Aun podía escuchar los gemidos de la habitación en su mente turbándolo una vez más.

Diana.

Breves fragmentos de las también cortas ocasiones que había pasado con ella. Simples "charlas de sobremesa", si es que podría llamarse así. Un "hola" y un "adios" si acaso…

Y nada más. Sin embargo, estaban sus gestos. El brillo de esa mirada, esa sonrisa radiante, autentica. Pura.

Algo que su hermano no merecía.

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