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Adiós Santino

—¿Qué?

La voz de Santino era la que ahora temblaba. El decibel era apenas audible. No entendía del todo lo que sus oídos acababan de escuchar de parte de ella.

Le quería. Había dado su vida y todo cuanto estuviese a su alcance por ella…había vendido su alma a los custodios de aquel infierno llamado Aka y ahora…¿No valió la pena?

—No deberíamos…—Alexa tampoco sintió que ésas fuesen sus palabras. Pero la inseguridad latía tan fuerte en ellas como el pulso de su corazón.—…continuar.

No podía ni siquiera creer lo que había pronunciado ella misma. ¿No había defendido su ideología contra el vendaval de coherentes y verdaderas justificaciones que rebatía su madre?

Si, pero la verdad caía siempre, tarde o temprano con el peso de una tonelada de rocas. No estaba