Buenovel

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Aka

La luz mortecina del interior del automóvil brillaba temiblemente en el reflejo de las pupilas de cuatro hombres totalmente desconocidos, ataviados con trajes negros.

¿Qué demonios quieren de mi?

La pregunta se formuló en la mente de Santino por décima vez, sin emerger de sus cuerdas vocales.

No había sido el único en acallarse los comentarios, sino que sus inmisericordes acompañantes también permanecían en silencio, de un modo más amenazador que expectante. La velocidad del vehículo era moderada y debido a los vidrios polarizados, la vista hacia el exterior era completamente nula. Aun más en estas horas de la noche.

El permanecía rígido en el asiento trasero. Su mirada, nerviosa y aturdida escrutaba a detalle lo más que podía el físico y los rasgos de aquellos sicarios.