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Capítulo 7. “Compañero de noche"

Tara se miró por última vez en el espejo de cuerpo completo, está a punto de romper a llorar de la felicidad al ver el vestido color dorado en ella, "es hermoso" se murmuraba para ella misma. Estaba lista para bajar y mezclarse entre los invitados. Alcanzó su capa sedosa y antes de salir se puso el antifaz. Era lo mejor de la noche, invitados detrás de una máscara vestidos en elegantes trajes de etiqueta, tal y como había escuchado de su madre unas semanas antes.

―Señorita Miller, ¿Gusta algo para degustar? ―una mesera se acercó a ella cuándo estaba a punto de terminar de bajar el último escalón.

―Sí, gracias―le ofrece una delgada copa de un líquido dorado y burbujeante. Tara da un sorbo y siente como el sabor llena su paladar y después baja por su garganta, cerró por unos breves momentos sus ojos para disfrutarlo.

― ¿Refrescante? ―una voz a su lado la hace voltear lentamente. Su piel se había erizado al escucharlo.

Tara parpadeó sin decir nada, al final había venido:

Alexander Cooper.

Ella solo hizo una mueca, regresó su atención a la copa que tiene en su mano, da otro sorbo y mira disimuladamente alrededor de ella, había mucha gente que estaba cruzando el largo pasillo principal hacia el gran jardín trasero, qué es donde la fiesta se lleva acabo. Alexander se puso frente a ella para captar su atención.

― ¿Qué? ―dice frustrada Tara. Le ponía nerviosa cada vez que estaba cerca de ella, el olor que desprende el hombre es algo que a ella le hacía sentirse rara. Así que intenta repelerlo. ―Mi madre está en el jardín, supongo. ―le hace una señal en dirección al jardín. Alexander da un sorbo a su copa sin dejar de mirarla detrás de ese antifaz azul oscuro, Tara toma otro sorbo para no tener que seguir hablando con él, cuándo ella está dispuesta a irse, Alexander la toma del brazo evitando su escapatoria.

―Hoy seré tu compañero. ―Tara abre los ojos aún más a sus palabras, ella sutilmente se suelta de su agarre y pone una sonrisa sarcástica.

―Lo siento, no necesito un "Chaperón" o un... "niñero" Tengo 21 años para poder pasear por mi propia fiesta de cumpleaños, así qué...―Alexander la interrumpe acercándose a ella, hasta quedar a unos cuantos centímetros de tocar sus cuerpos, se podía sentir como el calor de ambos se desprendía en grandes cantidades.

―No soy el chaperón de nadie mucho menos un niñero, sé qué edad tienes, por cierto, felicidades, ya eres toda una hermosa mujer, por último, Sofía ha dicho que podemos conocernos aún más, acabo de cerrar un contrato con ella y....―Tara lo interrumpe.

―Entonces vaya y festeje con mi madre y créame, no es necesario que tengamos que conocernos, no es como si...

― ¿Qué hacen aquí? Los estoy esperando desde hace diez minutos...―Sofía apareció a un lado de Alexander y le acarició el brazo con una sonrisa de oreja a oreja, después desvía su mirada hacia Tara, quien estuvo a punto de arquear una ceja al ver la cercanía con el invitado.

―Estoy diciendo a tu hermosa hija que seré su compañero esta noche―Sofía sonrió a Alexander, después se acercó a Tara, agarró su mano y lo enrolló en el brazo de Alexander.

―Sí, así es. Será tu compañero y más vale que te portes bien, Tara―éste último se lo murmuró en el oído.

―Pero...―Sofía le lanzó una mirada asesina.

―Nada. Vamos, la gente ya está tomando sus lugares para que empiece la fiesta, vamos Alexander.

Sofía se adelantó, Tara tensó su quijada y cuándo Alexander la pilló, ella solo hizo un intento de sonrisa, fallando por completo. "¿Qué mierdas está pasando? ¡Es mi fiesta!" Alexander avanzó con ella del brazo y éste la miró con un gesto triunfante. Ella no dijo nada ni siquiera mostró algún gesto, estuvo a punto de soltarse del brazo y volver a subir a su habitación, no podía creer que no disfrutaría de su propia fiesta de cumpleaños, y menos estando del brazo del hombre más atractivo que jamás había conocido y qué la ponía nerviosa.

Alexander entrelazó sus dedos en un gesto posesivo. Al verla bajar hace unos minutos atrás lo había dejado sin palabras, estaba simplemente hermosa, no era la joven de semanas atrás con sus pantalones de montar, sus botas y esa camisa de cuadros, no cargaba una coleta como siempre la había visto, se veía demasiado juvenil y se había plantado muchas veces los años de diferencia entre ellos dos, pero viéndola en ese vestido, era perfecta. Mientras bajaba las escaleras comenzó a distraerse con el movimiento de sus caderas, pero lo que no le estaba gustando era que parecía inmune a su atractivo, ¿Quién no babearía por Alexander Cooper? Pues al parecer, ella no. Lo cual se ha convertido en un desafío, antes de estar entre los invitados y esperar a que bajara Tara de su habitación, había estado discutiendo con Sofía en el despacho, aún seguía renuente a tener un matrimonio para obtener los terrenos que le interesaban, terrenos que solo Tara podría venderle, pero para eso podía usar sus encantos para obtenerlos sin necesidad de llegar a casarse, Sofía lo desafió aún más, dándole hasta media noche para obtenerlo, en caso contrario, ella cambiaría de prospecto para su hija, negando siquiera la oportunidad de aceptar casarse por última oportunidad, Sofía no daba segundas oportunidades, lo toma o lo deja, es lo que le dijo en un gesto decisivo y firme. ¿En qué m****a se había metido? ¿Tan importante eran esas tierras para su empresa? Sí, ¿Pero para casarse...?

Sofía llegó a un grupo de hombres en trajes elegantes con sus antifaces, ésta les hace señas a Alexander y a Tara para que se acerquen, Tara está a punto de soltarse pero Alexander le alcanza la mano y la acaricia mientras le da una sonrisa. "Tengo que lograrlo" se repitió a si mismo decidido a que la dulce chica de ojos verdes y pálida piel, le diga que si le vendería sus tierras y así se ahorrarían un matrimonio falso. ¿Cómo tomaría Tara la noticia de que a él no le viene el sexo suave? o como le dicen, "Hacer el amor", al contrario Alexander tiene gustos diferentes y que un dos por tres, ella saldría corriendo el solo mirar su cuarto de juegos, o el que se enterase que él era un dominante y no cambiaría nada, absolutamente nada de su vida sexual por sexo lento donde se involucran sentimientos y toda esa chorrada.

―Les presento a mi hija Tara Miller―los hombres impresionados por la belleza de Tara extienden sus manos rápidamente para tomar la mano de ella, Sofía sonríe satisfecha al ver el gesto tenso de Alexander.

"Este hombre tiene que darse cuenta de lo que va a dejar ir" Sofía se dijo a si misma con una sonrisa triunfante. Podía ver a Alexander lanzar una mirada a uno que otro del grupo al ser demasiados efusivos con la mujer a su lado, el último hombre agarró su mano con toda la delicadeza y besa el dorso de Tara, el hombre que lleva un antifaz negro mira fijamente a la mujer de ojos verdes, Alexander se tensa aún más y por impulso primitivo, tira de Tara para acercarla más a él, el hombre del antifaz negro lo mira con una sonrisa desafiante.

―Hermosa mujer tiene como hija señora Miller, son los ojos más hermosos que jamás he visto en mi vida―el hombre lanza su aguijón, Sofía se sentía una espectadora en primera fila, se podía sentir la tensión y la testosterona entre ellos.

―Gracias―balbucea Tara extrañada por la atención extra en ella. ―Con el permiso de todos, necesito ir a los servicios―Alexander baja la mirada hacia ella.

―Te acompaño―dijo Alexander, Tara le lanza una mirada fulminante. "¡Ya es el colmo!" pensó.

―Gracias, puedes quedarte con mi madre, no tardo. ―y sin esperar respuesta se suelta del agarre de Alexander y se mete entre los invitados. Éste la sigue con la mirada hasta que la observa entrar al interior de la casa.

―No te preocupes, si no viene en unos momentos más, yo misma iré por tu acompañante―Alexander sonrió.

―No, esperaré.

Los hombres comenzaron a hablar de temas de negocios, de vez en cuando Alexander giraba su cabeza para mirar si venía su acompañante, pero nada.

Él sentía esa necesidad de cerrar el trato, antes de que alguien más se lo arrebatara. Pensó, pensó y siguió pensando, pero estaba tan distraído por estar mirando hacia la mansión en espera de que Tara saliera, la espera lo lleva a un nivel nuevo para él, estaba ansioso, cosa que nunca en su vida había experimentado. Siempre tenía ese control en sus manos.

― ¿Estás bien? Te ves ansioso―Sofía murmuró cerca de él con una sonrisa.

―A la m****a, cerremos el trato.

Sofía sonrió extasiada al escucharlo.

―Perfecto, pasemos al despacho. Luego hablaré con Tara.

―No, yo hablaré con ella...a solas.

Alexander no entendía esa ansiedad por esa mujer, pero de lo que sí estaba seguro es que obtendría esas tierras a como fuese lugar...incluso si tenía que casarse.

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