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La Pianista
Felicity
Acepta

En la Ciudad de México vive una mujer con gran posición económica gracias a su difunto marido. Ellos tuvieron una hija hermosa, llamada Violeta; es de piel bastante pálida, un cabello negro bastante rizado y lo que más hacía que resaltará su estilo era su típico labial rojo. Pero esta no es la historia de esta chica. Es de Solange.

Sol, como le dicen sus amigos es nieta de Matilde que trabaja en la Casa de los Arriaga desde hace años como nana de los hijos de los patrones, se encargaba de la crianza y cuidado de esos niños. 

Sol es una joven de ojos azules, cabello castaño y estatura promedio para las mujeres de este país, es estudiante de Derecho en una prestigiosa escuela, se mantiene con un promedio brillante y un futuro bastante prometedor. Su mayor anhelo es darle lo mejor a su abuela y en un futuro casarse con Daniel Montenegro, joven castaño y alto gracias a los deportes que práctica, hijo de un millonario Juez con gran prestigio y fama. 

La familia Montenegro no aprueba del todo el amorío de estos jóvenes, por lo cual Sol está dispuesta a demostrarles que ella puede brillar por su propia cuenta y que puede estar al nivel de Daniel.

Pero Solange no solo se dedica a estudiar y soñar con una vida perfecta, su pasión en la vida es la música clásica, gracias a Cindy que es su maestra de piano y directora de una orquesta, puede demostrar su talento y su brillante excelencia, estando en conciertos representando a sus escuelas.

Para Sol es estudiar era lo más importante y por eso generalmente se encontraba en la biblioteca escolar.

— Pensé que nunca te encontraría — llegaba Daniel a la mesa de la silenciosa biblioteca. Este se encontraba agitado y traía dos sobres de color amarillo.

— Guarda silencio — le dijo Solange con voz baja, viendo a la encargada de la biblioteca que estaba dormida.

— Siempre está dormida — refiriéndose a la encargada. Tomo una silla y se sentó enfrente de Sol, entregándole los sobres — son nuestras respuestas sobre lo del intercambio.

Solange los tomó y observó, estaba a punto de abrir el suyo cuando Daniel la detuvo.

—Espera, tengo una idea.

— Te escucho.

— Bien — tomo los sobres y le dio a ella el suyo, quedándose con los opuestos — yo abro el tuyo y tú el mío.

— ¡Va!

Ambos abrían los sobres con mucha emoción, confiaban que pasarían un semestre junto en el extranjero.

—¡Sol, te quedaste! — Daniel gritó y la encargada despertó, le indicó que guardara silencio.

— Dan — guardo silencio y lo miro — Daniel — ambos se pusieron serios, ella le mostró la hoja — te rechazaron.

Solange se encontraba en casa de Cindy, practicaban Sinfonía n○ 5 en do menor, pero Cindy se dio cuenta de que su pupila no estaba de todo concentrada. 

— Detén eso, estas matando el piano.

— Puedo volver a iniciar — iba a empezar a tocar.

— No, quiero saber que te tiene así — se acercó a Solange y la miró con ternura, la veía como una hija más.

—Daniel...

Fue interrumpida apenas pronunció ese nombre.

— Sabía que te haría daño, por eso no quería que fueran novios.

— No es eso — Cindy la miro esperando una respuesta — es que a mí si me aceptaron como estudiante de intercambio, pero a Dan no — lo decía con un poco de tristeza.

— Pero si es un burro — Solange la miró — mira, lo bueno es que a ti te dieron ese lugar y la verdad por tu abuela ni te preocupes que ella estará muy bien aquí.

— Eso lo sé — se levantó del banco — solo que Daniel me preocupa, pensaba — caminaba de un lado a otro sin decirle nada, mucho menos la miraba — no ir — dijo esto deteniéndose y mirando a su maestra de piano.

— No — dijo de manera enérgica — luchaste mucho por eso, no lo puedes dejar por un hombre que no sabes si seguirán juntos.

Eso dejo pensando a Solange.

— Daniel me quiere y yo a él. 

— Pero sus padres no del todo — Cindy cruzó los brazos y la miró sería.

— Lo sé, pero sé que si les demuestro que yo valgo lo mismo que Daniel no tendrán de otra más que aceptarme.

— Por eso debes ir y demuestres quien eres.

El celular de Sol sonó, esta se acercó al piano y agarró el celular. Era Daniel quién le decía que haría una fiesta de despedida para ella.

— Me imagino que es Daniel.

— Si, me está preparando una fiesta de despedida y será  el viernes.

— Bien, parece que tu novio ya lo acepto así que tú tienes que hacerlo.

Después de cenar y contarle a su abuela la buena noticia, se fue a terminar su tarea, ya que aunque viajaría, no podía olvidarse de sus obligaciones. Más tarde empezó a conversar por videollamada con Violeta, eran amigas desde que tenían uso de razón; jugaban, festejaban sus cumpleaños y fueron a las mismas escuelas hasta que salieron de la preparatoria y cada una tomó su camino. Para Cindy incluso no había diferencias entre las niñas, ya que al quedar huérfana Sol desde bebé, la vio como una hija. 

— Bueno, lograste tu sueño y serás toda una triunfadora — le decía Violeta al otro lado de la pantalla.

— Ya sé, pero me siento mal por Dan. Yo quería que estuviéramos contigo y ahora me hice sola.

— Sabemos que está en la Universidad por su padre, más bien tenía talento para la música y la actuación. Pero bueno su padre el Juez Montenegro, no dejaría que su hijo fuera famoso así.

— Por lo mismo lo ayudo con sus tareas y en lo que puedo, entiende, pero no lo apasiona de verdad y eso no me gusta.

— Su verdadera pasión es la música y la actuación,  pero es obvio que el hijo del Juez Montenegro no hará eso. Pero quiero hablar mejor de cuando vivamos juntas.

— No creo tener el suficiente dinero para pagar un lugar como el tuyo.

— Nada de eso, podría conseguirte un lugar con mi novio. Ya se encarga del bufete y no creo que se niegue.

— Pensé que el encargado era su padre.

— Hace tres meses que le dejo el cargo.

— Primero me tendría que conocer y en una de esas le caigo mal.

— Ya le hablé de ti, desde que llegué. No creo que tengamos problemas con eso, le dije que eres brillante e inteligente y en caso de que se niegue, yo sabré como diga que si — en su tono se escuchaba la malicia.

— Sales con un hombre que nos lleva quince años, no sabes ni lo que dices.

— Lo mismo decía mi madre, pero ya conoció a mi guapo y exitoso novio, no tuvo mayor problema. Sé que nos cansaremos en poco tiempo y seremos felices juntos.

— Si es así, pues acepto. Solo espero que salga bien todo

Las amigas seguían poniéndose al corriente sobre algunos amigos o conocidos en común, se quedaron solo un rato más platicando, ya que cada una debía seguir con sus obligaciones al día siguiente.

Sol, caminaba en dirección a su salón, vería con nostalgia su escuela y en parte tenía tristeza de irse, había vivido buenas experiencias aquí.

— Sol — Daniel salió de un salón para alcanzar a su novia 

— Dan — giro y vio a su novio, llevaba unos pantalones de mezclilla gastados y eso para ella lo hacía verse bastante atractivo.

— Ya está todo listo para la fiesta — empezaron a acercarse, hasta que quedaron juntos.

— Gracias, creo que es bueno despedirme de todos — lo tomó  de las  manos — no quiero separarme de ti, pero quiero hacerlo.

— Sé que es tu sueño y no te voy a detener, quiero que vengas más feliz y exitosa que ninguna otra. Aunque tengo miedo de que te enamores de un gringo y me dejes.

— No — los dos rieron — Eres mi primer amor, mi primer beso y mi primera vez. No te voy ni te quiero dejar.

— Vamos a hacer que esto funcione, sé que será difícil pero lo lograremos.

— Creo lo mismo, no creo que nos dejemos nunca. 

Se tomaron de la mano y se fueron al salón de clases, eran de sus últimos momentos juntos y lo que más querían era que disfrutarlos al máximo. 

Al estar en clase el profesor comentaba sobre el intercambio de Sol, todos parecían muy contentos por su compañera, menos alguien que le tenía bastante envidia, Paula Leal. Hija de unos millonarios con bastante fortuna que heredaría su hija. 

— Bueno, no debimos esperar menos de Sol la enciclopedia — dijo con una falsa sonrisa y dio un aplauso.

— Por eso mismo — Daniel se puso de pie — haremos una fiesta de despedida, será el viernes y todos están invitados, incluyendo a usted profesor.

La clase comenzaría con los matrimonios y divorcios, algunos alumnos comentaban chistes o anécdotas de familiares, (aunque algunos por venir de familias ricas, era bien sabida la historia. Pero lo que en verdad tendría relevancia, es que, a Daniel se le ocurriría algo para estar con Solange.

— Tengo hambre — Sol guardaba sus cosas — vamos.

— Solange — se le hizo extraño que su novio la llamara por su nombre. Lo miro y lo veía serio — quiero decirte algo, que es muy importante.

— Dale, me espantas. No sé qué sea, pero quiero saberlo.

— Yo, Daniel Montenegro — se arrodilló y tomó la mano de su novia — quiero pedirte algo que pueda cambiar nuestras vidas para siempre. En realidad no sé cómo salga todo esto, pero quiero que funciones y debemos hacerlo los dos.

— Lo haces muy largo y me da miedo.

— Solo quiero pedirte, que te cases conmigo antes de irte. No quiero que nada ni nadie nos separe, por eso ahorita empecé a pensar y vi que era lo mejor, sé que es apresurado. Pero confío en nosotros.

— Acepto 

Los dos se abrazaron y se besaron. Estaban muy felices, ya querían casarse y empezar esta aventura juntos. No sabían que pasaría en el futuro, pero querían estar juntos. 

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