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Capítulo 4. «Un tatuaje»

Matthew

 

 

 

— ¿Antifaces? —pregunta Taylor al ver la caja que le ha entregado William, él asiente con un breve movimiento de cabeza.

 

— ¿Algún problema? ¿Te da miedo usar algo así? No es que tenga rosas alrededor con brillantina y luces de neón. Además les cuento que escogí las mejores— William me guiña el ojo y una sonrisa de orgullo aparece en sus labios.

 

—Bueno, combina con mi ropa interior—William sorprendido mira a Taylor quien permanece serio, pero sé que está a punto de estallar en risas —Bueno no creo que combine ya que no cargo con ella—Taylor ríe al ver el rostro de William cuando hace un mohín de asco.

 

—Tienes aún la esperanza de follar sin que nadie y ni «Nada» te detenga ¿No? — William dice en tono de broma.

 

—Realmente me he citado con una chica de F******k que conocí la semana pasada, es de aquí, así que…espero follar hasta que el sol aparezca y pueda decir: ¡Vivan Las Vegas, Baby!

 

—Pervertido, asegúrate primero que sea mayor de edad, no quiero que te causes problemas en la ciudad por ser un posible pedófilo—murmura William mientras nos dirigimos a la salida.

 

Salimos del hotel donde nos hospedamos, habíamos llegado en horas de la madrugada, todo gracias al avión privado del padre de William. Los tres vestimos conjuntos de esmoquin de diseñador, es un evento demasiado elegante, Taylor se reajusta la pajarita como si le asfixiara, William arregla sus gemelos, yo solo observo al par de hombres intentando estar listos antes de entrar. Entregamos las invitaciones y al cruzar el largo pasillo nos quedamos con la boca abierta.

 

—Mierda— dice Taylor a mi lado —Esto es como si fuese la película Burlesque— me mira esperando que entienda a la referencia pero niego con mis hombros — ¿Dónde sale Christina Aguilera? ¿Cher? Ella baila y después descubren que Christina canta, ¿No? ¿Nada? — sigue intentando que recuerde pero no. No la he visto. Niego divertido al ver su frustración —Deberías de agregar más canales aparte de la pornografía, Matt.

 

Lo golpeo en la costilla y éste se retuerce. Una mesera nos guía a nuestras mesas, ellas visten un traje tipo cabarés muy sensuales, Taylor se queda mirando detenidamente a una morena algo baja de estatura pero con pechos grandes, ella se gira al darse cuenta de la mirada libidinosa de Taylor y espera a que deje de mirarle el escote pero este parece hipnotizado:

 

— ¿Se te ha perdido algo por ahí, amigo? —Taylor reacciona y niega rápidamente.

 

—Disculpa, te ves hermosa en ese traje…— la mesera sonríe.

 

—Gracias, pero no quiere decir que por tu piropo ya te voy a dar mi número de teléfono—espera que Taylor diga algo pero al verlo sin palabras se gira y comienza a entregar unas bebidas a las mesas que se encuentran a nuestro lado. Taylor sigue sin decir nada.

 

— ¡Wow, te has quedado mudo por primera vez en tu vida, cabrón! —digo impresionado y divertido.

 

—No voy a discutir con una mujer, ¿Estamos claros? —hace un gesto confundido pero William y yo lo conocemos, sabemos que tarde o temprano conseguirá su número y será antes de terminar la noche, sonreímos divertidos. Tomamos nuestros lugares, después ordenamos las bebidas y leemos el folleto con información de las funciones de la noche.

 

— ¿Te imaginas que hayas conocido a Ireny en un bar-teatro aquí en Las Vegas?

 

Arrugo mi entrecejo, me vuelvo hacia Taylor.

 

—Mi futura esposa no sería una bailarina de Las Vegas...— tuerzo los labios en desaprobación, sé que ha sonado demasiado grotesco, pero no me imagino a Ireny bailando en Las Vegas, bueno, podría imaginarla como una empresaria quizás, dueña de un hotel, o un casino pero una bailarina jamás. Ya tenía bastante con que era modelo profesional. 

 

—No digas que de ésta agua no beberás— dice William —ya ves mi padre, conoció a mi madre aquí en las Vegas y aunque no era bailarina, mi padre nunca se vio enamorándose de alguien de otro nivel, ya sabes en esas épocas que el estatus social dividía a la gente y mi madre era de clase media, pero como dice ella: «el amor no tiene niveles ni etiquetas, lo importante es lo que dicta tu corazón» y hasta la fecha siguen casados a punto de cumplir setenta años de matrimonio; si mi futura esposa, saliera bailando en este escenario, créeme, no me importaría, es más, le dijera que me dé clases de baile y puede que en mi tiempo libre me una a ser un bailarín aquí mismo.

 

Reímos a las palabras de William, hace movimientos de baile mientras recoge la bebida que la mesera ha dejado frente a él.

 

—Vale, que ese si te la creo— le digo mientras doy un sorbo a mi bebida.

 

Un hombre anuncia que va a dar comienzo el espectáculo de apertura, las luces se apagan y recuerdo haber leído acerca de un grupo de bailarinas de la ciudad de New York las cuáles serán las protagonistas de la noche, saldrán en varios números durante cierto tiempo y al final una banda para amenizar el resto de la noche.

 

La música comienza a sonar, nunca la he escuchado, Taylor y William comienza a moverse en sus asientos discretamente, la gente a corear la canción, las bailarinas aparecen en el escenario en un conjunto negro con antifaces y sombreros de colores.

 

— ¡Me encanta Kae Sun! —me mira Taylor y ve mi confusión— ¡Se llama Ship and the globe! —comienza a moverse acorde a la canción, los presentes aplauden eufóricos. Me gusta, es agradable y de repente todos comienzan a corear: ¡Pa papapa papapapa papapa papaaa! Los movimientos de las bailarinas atraen mi atención, hasta que después una de ellas se desliza hasta el suelo y comienza andar frente a nosotros con movimientos sensuales y perfectos, estira la pierna de arriba y hacia abajo al mismo tiempo que el resto, se detiene y luego comienza hacer movimientos que nos atrapa, se levanta de su lugar y se une a las demás, podría decir que la mujer resalta entre todas, ya que es la única de cabello castaño y el resto rubias. Se apaga la luz y luego se enciende la iluminación en los extremos del escenario lanzando chispas artificiales, brincamos en nuestros asientos pensando que nos pueden quemar o algo pero no, William nos dice que no hay nada de qué preocuparse.

 

Una segunda canción comienza a sonar, y la reconozco inmediatamente: Bad Liar de Selena Gómez la recuerdo ya qué Ireny la escucha últimamente en el auto. Entran dos bailarinas con las luces directo sobre ellas, comienzan a moverse al ritmo de la música, una bailarina se acerca hasta nosotros y comienza a moverse, de repente siento esa electricidad que me recorre, « ¿Otra vez?» mi piel se alerta y se eriza, arrugo el ceño pensando que es lo que últimamente me está pasando, pero no dejo de mirar a la bailarina frente a mí, unos cuantos movimientos y visualizo, un tatuaje de  ATRAPASueños del lado izquierdo de su vientre. Entonces todo se detiene, es como si solo ella estuviera bailando para mí, la máscara resalta sus ojos, sin darme cuenta estoy de pie, me acerco y corto la distancia que nos separa a excepción por la división del escenario, puedo percatarme por la luz del color de sus ojos, son grises y sus labios color escarlata se alzan en una sonrisa sensual perfecta, divertida y cargada de atracción.

 

«Mierda, ¿Qué fue eso?

 

—¿A dónde vas? —siento una mano que me regresa a tomar mi lugar, es William, Taylor hace el gesto de limpiarme la baba de mi boca en señal de burla cuando corto contacto visual con ella. William me observa extrañado, lo sé, no soy así, no sé qué me llevó a levantarme hasta ella, es ridículo, tomo mi bebida pero no doy un sorbo, ya que no quiero perderme nada así que regreso la mirada hacia el escenario. La bailarina apasionada comienza a moverse tan sensual que tengo que removerme en mi asiento incómodo, siento como el calor sube a mi cabeza, hago un movimiento con mi cuello para despejar lo que se está acumulando en él, hasta que truena. Tomo un trago torpemente manchando mi esmoquin pero no importa en el momento.

 

Al terminar la canción bajan el pesado telón y no la vuelvo a ver, trago saliva con dificultad, la garganta se me ha secado, tomo un segundo trago y cuando me vuelvo a mis amigos, están atónitos. Vuelvo a removerme incómodo.

 

— ¿Qué? — digo poniendo los ojos en blanco.

 

— ¿Te sientes bien? ¿Necesitas una cubeta con hielo? ¿O una ducha? —se burla William antes de dar un trago a su bebida.

 

—Creo que alguien acosará en los vestidores esta noche…— se burla Taylor y niego irritado.

 

—Yo no voy a acosar a nadie, además, tengo una prometida—«Vamos, Matt, eso es, lo tuyo es el compromiso, ser fiel, ser leal, ser…» Taylor me interrumpe mis pensamientos.

 

—Oh, sí la «Prometida» «Tienes que ser fiel Matt o te corto los huevos y te los doy de desayuno»—Taylor se burla en un tono agudo acompañando un gesto femenino como si imitara a Ireny, pero lo ignoro.

 

La música de fondo es un poco baja y se escuchan las voces del resto de los presentes, miro a mi alrededor, hasta ver las escaleras que dan al interior del escenario y mi mente viaja hacía unos pensamientos que no creo que sean buenos. No Matt, no. Tienes prometida.

 

— ¿Quieres que averigüe quién es? —dice William sorprendiéndome, niego sin pensarlo dos veces.

 

—No, sabes muy bien qué…—Taylor me interrumpe haciendo una señal con sus manos «Tiempo fuera» en medio de la mesa, William y yo lo miramos.

 

—Estamos en Las Vegas, ¿Podríamos solo divertirnos sin mencionar a tu prometida? No harás «Nada» si no quieres, pero solo diré algo—levanta el dedo índice —uno: Hace mucho que no estamos juntos los tres—levanta el otro dedo—dos: ¡Esto es Las Vegas! ¿No has escuchado lo que dicen? Lo que sucede en Las Vegas, en Las Vegas se queda y por último, iré a conseguir el número de teléfono de la mesera morena, no tardo—William y yo lo miramos marcharse sutilmente entre toda la multitud, William niega mientras da un sorbo a su copa.

 

—Está loco, Tay. ¿Quieres algo de la barra antes de que empiece el siguiente número? — asiento y levanto la copa en medio del aire y después William se dirige a la barra.

 

Miro mi móvil por tercera vez, no ha dejado de vibrar, mi madre insiste que el lunes vaya a buscarla para comer juntos, pongo los ojos en blanco, supongo que Ireny sigue abrumando a mi madre con lo de la boda, tomo el último sorbo a mi copa, luego la dejo en el centro de la mesa. La voz de Pharrell Williams con la canción de Happy suena en todo el lugar, doy un vistazo al lugar lleno de gente, hombres con sus esmóquines y antifaces, mujeres con vestidos cortos y largos muy elegantes, algunos antifaces haciendo juego con el color del atuendo. Taylor llega minutos después con una sonrisa en HD plasmada en su rostro de cabrón. Niego al entender el motivo de su sonrisa. «A conseguido el número de la mesera» Ese es Taylor. Nos conocíamos desde que estábamos en el jardín de niños, siempre de rompe corazones y hoy en la actualidad ninguna novia ha tenido.

 

—Conseguí su número—agita la servilleta en el aire triunfante, William llegó maldiciendo un minuto después.

 

— ¿Y tú? ¿Qué tienes? ¿Y esa cara? —Le pregunto a William quien sigue maldiciendo entre dientes.

 

—No me pueden atender en la barra, mandarán a una mesera, qué mala organización, me quejaré al final con Franco.

 

Taylor sonríe mientras marca los números en su móvil, después alza la mirada para buscar a la mesera. Poco a poco comienza a mostrar un gesto extraño hasta que habla:

 

— ¿Quién habla? — se queda callado, luego continua—Disculpe, creo que me he equivocado de número— Y cuelga con una cara de confusión.

 

— ¿Qué pasa? ¿A quién llamas? —Pregunta William intrigado y más al ver la reacción de Taylor.

 

—He conseguido el número de la mesera morena, pero creo que debió de equivocarse al apuntar algún dígito en la servilleta— intenta volver a marcar, pero William y yo entendemos lo que pasa. Le quitó el móvil de las manos para que dejara de marcar.

 

— ¡Hey! Espera, revisaré…— se detiene, nos observa en silencio y a los segundos cae en cuenta de lo que está pasando—Oh, me ha dado un número falso… ¿No?

 

—Ahí donde te ves, creo que eres algo inocente, amigo—William niega con una sonrisa y Taylor sonríe.

 

—Vaya, primera vez en mi vida que me hacen tal cosa. Muchas envían sus números incluso con sus bragas de encaje en varios colores y texturas— le doy un golpe en el brazo para animarlo.

 

—Para todo hay una primera vez, Tay—le anima William.

 

—Bueno, lo superaré—suelta una risa sonora después, pero nosotros lo conocemos, le hirieron el orgullo de macho.

 

Después de una media hora, anuncian otro baile con el grupo de bailarinas. Intento no removerme mucho en mi asiento, sigo aún sorprendido por la reacción de mi cuerpo. ¿Acaso será los nervios o el estrés que está empezando emerger en mí? No sé, pero lo más intrigante es la electricidad.

 

Las luces se apagan, el telón se levanta poco a poco hasta dejar el escenario a la vista de todos los presentes. Las luces se encienden una por una alrededor del escenario, luego se apagan. Se enciende la luz en medio del escenario y la voz melodiosa de una mujer inunda el lugar.

 

Aparece una mujer y avanza al centro del escenario caminando sensual, hasta que se detiene y segundos después levanta el rostro con el antifaz y el sombrero de copa, comienza a moverse en un ritmo lento, erótico, sensual, caliente.

 

— ¿Quién canta? —escucho a William preguntar a Taylor, quien era un conocedor de música.

 

—Nina Simone, la canción es Feeling Good—la mujer sigue moviéndose hasta que en un tramo de la canción el ritmo aumentó e hizo movimientos impecables. Se detiene cuando la música termina y las notas de voz de un hombre suenan, me giro hacia Taylor quien ya tiene la respuesta a mi pregunta:

 

—The Weeknd, la canción no recuerdo como se llama, pero es parte de la banda sonora de Cincuenta Sombras de Grey—lo miro intrigado.

 

— ¿Sombras de quién? — pregunta confundido William, la reacción de Taylor es de frustración.

 

— ¡Menos pornografía, chicos, menos pornografía! —exclama Taylor, alza su copa hacia nosotros brindando divertido al vernos totalmente perdidos.

 

La música sigue sonando, todos estamos hipnotizados con espectaculares movimientos. La canción termina y el escenario se oscurece.

 

Una nueva melodía comienza y en esta ocasión la reconozco: Hooverphonic, con la canción Mad about you. Entra en escena una mujer con una cabellera rizada cayendo por debajo de sus hombros, el antifaz y un traje diminuto en color gris brillante, comienza a moverse lentamente al son de la canción, todos aplauden al sensual espectáculo y los chiflidos no tardan en escucharse.

 

—Mierda—dice William con el ceño arrugado.

 

— ¿Qué pasa? —está embelesado, le sigo la mirada pero solo mira en dirección a la bailarina.

 

—Nada. Es...hermosa la bailarina…yo…nada—las palabras atropelladas que salen de su boca me hacen dudar.

 

— ¿Es…? — Taylor se gira hacia William, pero algo pasó ya que Taylor se queda callado.

 

Después de dos canciones más, el telón baja, la música de fondo crece junto con las voces del resto de los presentes.

 

—Iré a los servicios—anuncio pero William sigue pensativo— ¿Está todo bien, William?

 

El levanta la mirada hacia mí y segundos después asiente repetidamente.

 

—Iré a la barra por más bebidas— se levanta perdiéndose entre la multitud.

 

— ¿Qué le pasa? —le pregunto a Taylor quien está mirando hacia donde se ha escabullido nuestro amigo

 

—Creo que alguien ha visto bailar su «próxima esposa» …—su sonrisa me confirma que hoy sería la noche de nuestro amigo.

 

 

 

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