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| Atentamente: tú Romeo |

Froto mis ojos aún adormilada, el llamado de mi madre me ha despertado.

—¡Allison, baja por favor! —grita y me siento en la cama mirando un punto cualquiera mientras trato de despertar del todo.

Llevo puesta mi pijama favorita: Unos shorts cortos de color rosa melón, una camiseta blanca con pequeños corazones y un suéter del mismo color rosado.

Pongo mis pies en el frío suelo y meto estos en mis pantuflas de ositos. Salgo de la habitación dando bostezos y bajo al primer piso sin saber con quién me encontraría.

—Y así fue como mi madre terminó embarazada de mí —le dice él a mí madre y está última suelta una carcajada como si acabase de escuchar lo más gracioso del mundo.

—Cariño hasta que bajas... Tu amigo vino a visitarte y a terminar el trabajo de teatro que les han puesto de tarea —mi madre se levanta del sofá con gracia y me tomó de los hombros inclinándose hacia mí para susurrar—: Es encantador. Simplemente encantador —y sale de la sala dejándome sola con él.

Mi cerebro se detiene a procesar la información y tengo que pestañear repetidas veces para comprender.

El mudo está en mi casa, en mi sala, ofreciéndome una sonrisa pícara. 

Me acerco a él y entrecierro mis ojos en su dirección.

—¿Qué se supone que haces aquí? —le suelto a Noah y me cruzo de brazos.

—¿No oíste a tu madre?... Vine a visitarte Allison —su tono es divertido como sí mi enojo y molestia le causara gracia.

Yo no le veo la gracia por ningún lado.

—¿Cómo conseguiste mi dirección?

Esboza una sonrisita hipnótica y sus ojos pícaros me observan.

—Todos en el pueblo la saben. Después de todo eres la chica nueva —dice encogiéndose de hombros y restándole importancia. Me penetra con su mirada, examinándome desde arriba hasta abajo. Un destello de algo que no logro identificar cruzando sus ojos avellanas.

Me mire entonces notando que estaba en pijama y no de las que me favorecen en estos momentos.

Aclare mi garganta haciendo que sus ojos conectaran con los míos.

—Yo subo a cambiarme y luego...

—¡Porque no suben a tu habitación Alis, allí trabajaran más cómodos! —grita mi madre desde la cocina interrumpiéndome. Suspiro con frustración y le lanzo una mirada asesina al castaño cuando su sonrisa se ensancha y se convierte pícara y maliciosa.

¡Gracias Universo... Por joderme tanto la vida!

Me giró hacia Noah y pasa por mi lado dejando su delicioso olor mientras sube las escaleras hasta el segundo piso.

¡Lo odio!

—¡Ahg! —me quejo mientras me tomo los pelos y le sigo escaleras arriba.

Entramos a mi habitación y él tira su bolso a mi cama y empieza a pasearse por todo mi cuarto como perro por su casa.

—Bueeeno… yo me voy a cambiar y tú me esperas aquí —me meto al baño rápidamente cerrando la puerta con seguro.

¡Dios, él está aquí! ¡Dios, está en mi habitación!

Okey, todo bien. Si yo actuó normal no pasara nada ¿Cierto? Después de todo es un chico.

¡Un chico! Y un chico siempre trae las hormonas revueltas...

Ya ando paranoica de tanto leer.

Suspiro y solo asiento para mí misma. Me cambio rápidamente reemplazando mi pijama por unos vaqueros rasgados a la rodilla, una camisa y un par tenis, recojo mi cabello en una coleta alta y me aplico un poco de perfume.

Salgo del baño encontrándome con Noah entretenido mirando mis fotografías de la infancia entre otras cosas de cuando yo era pequeña.

—Bueno… ¿Empezamos? —pregunto un poco incómoda y captando su atención. Se giró hacia mí posando sus manos en mi escritorio y recostándose en esté mientras me mira con una sonrisilla en su rostro.

—Romeo y Julieta —murmura por lo bajo.

—¿Qué?  

—La obra trata de Romeo y Julieta. Debemos hacer un ensayo sobre la historia de amor entre ellos dos —suelta sin despegar su mirada de la mía ni por un segundo.

Sus ojos avellanas son tan preciosos, nunca antes había visto unos ojos capaces de hipnotizar tanto.

No sé exactamente cuánto tiempo duramos así, mirándonos mutuamente sin despegar, sin decir nada, sus ojos penetrando los míos hasta que decidí desviar la mirada y hablar.

Incómodo y extraño. 

—Leí Romeo y Julieta un par de veces... Se nos hará fácil —le aseguro pasando mis manos por mi cabello y le miro incómoda. Nos sentamos juntos frente al escritorio y comenzamos nuestro ensayo en silencio.

No paso mucho tiempo cuando Joseph entro a la habitación con dos batidos en mano.

—Aquí les traje esto —comenta con amabilidad dejando los batidos sobre el escritorio.

—Gracias Jow.

—No hay de que peque —dice y luego sale de la habitación dejándonos a Noah y a mí nuevamente solos. Me gire hacia el castaño quién ahora me mira con algo de curiosidad.

—¿Qué?

—No quiero ser entrometido pero… ¿Por qué llamas por su nombre a tú papá? —pregunta.

Pues, sí no quería ser entrometido simplemente no hubieras preguntado, genio.

—Es una historia bastante larga pero Joseph no es mi padre. Solo es mi padrastro —explicó dejando salir un suspiro y el asiente lentamente mientras toma un sorbo de su batido.

El aire se torna un poco tenso y me dedico a continuar escribiendo aun cuando puedo sentir su mirada sobre mí.

Noah miró su teléfono y se levantó de la silla. 

—Ya es tarde. Me tengo que ir —dice tomando su bolso y sale de mi habitación sin decir nada más. Frunzo mi ceño y salgo tras de él.

Baja las escaleras con rápidez y sale de la casa sin decir ni chao, adiós, bye o sallonara. Lo alcanzó cuando estamos afuera y me poso frente a él.

—¿Por qué te vas tan repentinamente? ¿Y cómo supiste que vivo aquí? —suelto y él sonríe mientras me mira.

Sonríe demasiado... Por alguna razón es primo de Vania.

Ambos me dan urticaria. 

—Supe que vives aquí desde que llegaste a este pueblo —se encoje de hombros y avanza dejándome atrás nuevamente, lo mire confundida y él me miro divertido.

¿Ah? 

—Me tengo que ir Alison, aunque sé que te mueres porque me quede —suelta arrogante y a cambio pongo mis ojos en blanco—. En fin… Adiós vecina —dijo enfatizando la palabra vecina y cruzo la calle para luego entrar en la casa frente a la mía, no sin antes girarse y lanzarme un beso pícaro mientras me guiña un ojo.

Mi boca se abrió en una "o"

¿Noah Grazer, el arrogante más egocéntrico que he conocido es mi vecino?

Entre a mi casa y subí a mi habitación tirándome sobre la cama cuando mi teléfono vibró sobre mí, era una llamada de un número desconocido.

—¿Hola?  

—Buenas noches Alison... Sueña conmigo. Atentamente tú Romeo —dijo Noah desde la otra línea y le escuché reír.

—¿¡Cómo es que tienes mi número!? —le grito pero no respondió cuando ya había cortado la llamada.

Noah Grazer se ha convertido en mi nuevo tormento.

Para bien o para mal.

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