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Capítulo 2 - Fugitivos

Esa misma noche los dos se reunieron en ese lugar de la propiedad, exactamente como habían acordado, en el momento en que se estaba llevando a cabo la cena de los empleados de la granja.

Como la casa era espaciosa y llena de habitaciones, era fácil esconderse en ella sin que nadie se diera cuenta de su ausencia, además de que era costumbre no bajar a ninguna de las habitaciones si el coronel viajaba por negocios y sus observadores se relajaban en la vigilancia.

Creían que, de noche, la niña no se atrevería a intentar escapar en esa oscuridad sin conocer bien la región. Ese era el momento exacto para intentar escapar, contando con la sociedad de Carlos Eduardo quien, aun cobarde, sería de gran valor, ya que creció en esas tierras y las conocía muy bien. Mostrándose competente, el niño temeroso proporcionó dos monturas para escapar, que estaban escondidas al menos a un kilómetro de donde estaban. Después de asegurarse de que el camino sería realmente libre para continu