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6. Talia

Tardo un segundo en procesar sus palabras.

— ¿Qué dijiste? — pregunto sintiéndome como una idiota, el hombre estaba de pie frente a mí, cubierto de sangre y sin camisa, y yo estaba preocupada por la idea de tomar otra ducha con él

— Ya me escuchaste, no pienso dejarte sin vigilancia de nuevo — asegura acercándose y mirándome con irritación — así que sí, al baño, necesito una ducha y tú también

— Eres un pervertido de m****a — escupo, pero la imagen de su cuerpo desnudo llega a mi mente, y tan fácil como hace solo unas horas, paso de estar aterrada a estar excitada como la m****a. ¿Qué demonios? — No pienso meterme en la ducha contigo

— Bien, entonces te arrastraré dentro — replica acercándose para cargarme de nuevo, como si no pesara demasiado, grito y pataleo todo lo que puedo, pero no consigo demasiado, al contrario, solo me suelta de cualquier manera en el piso del baño

— Maldito bastardo de m****a, no puedes retenerme aquí — me quejo, intentando levantarme para golpearlo, pero el hombre es como una enorme pila de músculos.

— Puedo, y lo estoy haciendo — asegura cerrando la puerta y sacándose los pantalones — Puedes unirte, si quieres — se mofa mientras arroja lejos su boxers y abre la llave, cierro los ojos, no deseando ver la sangre saliendo de su cuerpo. La imagen de la oficina seguía clavada en mi mente, tal vez era buena idea, si él realmente me mataría, tendría que recordarme a mí misma que era peligroso, que definitivamente no era el pequeño niño que solía ir detrás de papá hace años.

— ¿Realmente me matarás? — pregunto intentando no sonar demasiado asustada

— No — Admite luego de un rato, abro los ojos finalmente y tengo que obligarme a mí misma a mirarlo a los ojos. La iluminación del baño es totalmente diferente a la penumbra del resto de la habitación, por lo que sus ojos se veían claros y brillantes — Pero no por ello tienes que actuar como si tuvieras el control

— ¿Entonces debo simplemente cumplir tus ordenes? — me quejo, poniéndome de pie y cruzándome de brazos — Si no vas a matarme entonces déjame ir de una puta vez — insisto

—¿Reamente no lo entiendes, ¿verdad? — pregunta mientras toma una pastilla de jabón y empieza a untarse — Uno de los hombres más peligrosos de Europa te quiere muerta, por meter las narices donde no debías

— ¿Qué? — pregunto tensándome, el significado de sus palabras pesando fuerte en mi pecho — yo solo quería información sobre la muerte de mi madre, no...

— ¿Tu madre? — pregunta luciendo confundido — ¿Preguntarle a tu padre o mi madre fue demasiado fácil así que decidiste meterte en la boca del lobo? — pregunta mofándose

— Yo...espera ¿Por qué tu madre sabría algo de ello? — pone los ojos en blanco, mirándome como si fuera idiota

— Porque...— suspira molesto — Ven aquí, no consigo concentrarme mientras tienes sangre en el rostro — murmura y yo doy un respingo llevando mi mano a mi rostro, antes de dar una mirada a mi ropa y.…creo que voy a vomitar, gritando como una niña pequeña, me saco el suéter empapado de sangre — lindo — doy un respingo...al darme cuenta que estoy usando uno de esos estúpidos conjuntos de lencería

— Psicópata — gruño cruzando mis brazos sobre mis pechos y dándole la espalda al ver su pene "despertar" ante mí, Diooooos, no puedo con esto.

— Sí, me voy a arrepentir de esto — murmura, y antes de que pueda buscar una respuesta inteligente para él, sus brazos húmedos me rodean y grito asustada, juro que intenté patearlo y darle un cabezazo, pero antes de que pueda hacer nada estoy debajo del agua

— Quita tus asquerosas manos de mi — me quejo antes de sentir sus manos contra mis pechos y los pensamientos racionales se esfuman por completo — N-no me toques

— ¿Segura? — murmura deslizando sus manos por la cintura de mis pantalones.

— ¿Qué estás haciendo? — pregunto titubeando, sin atreverme a mover un musculo

— Tomando una ducha — responde con voz gruesa mientras desabrocha el botón de mis vaqueros, y como una idiota, lo dejo hacer, intentando luchar contra la idea de dejarme llevar por mi estúpido cuerpo — Y te ayudo a tomar una también

— Dijiste que no m-me tocarías — murmuro, aunque mi voz sale como un jadeo cuando sus dedos se deslizan por mi clítoris, abriéndose camino entre mis piernas, cuando se detiene, no estoy demasiado segura de estar contenta

— Tienes razón — admite besando mi cuello consiguiendo mis nervios de punta, con un movimiento suave empieza a deslizar los pantalones fuera de mis piernas, agachándose y sutilmente masajeando mi piel por encima de la tela — No lo haré, a menos que me ruegues por ello

— ¿qué te hace pensar que lo haré? — pregunto intentando lucir amenazante, pero él se limita a obligarme a dar la vuelta y enfrentarlo, soy una mujer alta, pero solo consigo llegarle al cuello, y él luce satisfecho

— Estás desnuda frente a mí y tus pezones están rogando por atención — asegura cerrando la llave — Puedo hacer que ruegues, preciosa — asegura

— ¿Quieres apostar? — pregunto sintiendo un chute de adrenalina, una idea surgiendo en mi mente — El primero en rogar pierde

— Tienes mi atención — asegura antes deslizar su mano por mi cuello y limpiar una mancha que probablemente sea sangre — te escucho.

— Sí yo gano, me dejarás ir — susurro acercándome a él y dándole una de mis mejores miradas seductora — Si tu ganas...podrás hacer lo que quieras conmigo

— Luces muy segura — se mofa — Acepto — se encoge de hombros — Pero...con una condición

— Depende — digo automáticamente — aceptaré tener sexo, pero no quiero nada que ver con tus...negocios y tampoco puedes compartirme

Eso lo hace reír, es una risa gruesa y que consigue hacerme estremecer

— No iba a pedir sexo, ya que claramente así es como acabará esta apuesta — Oh, Dios, Taliana, ¡¡¡que estúpida!!!  Me dedica una sonrisa — Sí te hago rogar, tú me dirás por qué Saltsman te quiere muerta y harás lo que yo quiera...por el tiempo que yo decida

— No más de un mes — me quejo, él se encoge de hombros

— ¿Trato?

— Trato

Cerrando los ojos e intentando enfocarme intento mi pose más seductora, a diferencia de la mayoría de las chicas de mi familia (que son muy pocas) soy alta y esbelta, y con esta estúpida lencería enmarcando mis pechos, era imposible que se resistiera demasiado tiempo.

Hace años, lo habría golpeado por la forma en que me mira. Pero si esta era la única manera de salir de aquí...así sea, haré al bastardo rogar y luego regresarme a casa.

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