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Peligros del Amor II: Amor Letal
Lya Rogers
1. Scott

Praga

Sergey me mira con irritación, cree que soy un idiota, y no está equivocado, pero tengo mis razones, incluso si no son completamente inocentes. Él cree que puede manipularme al tener más experiencia.

Pero yo tenía a mi madre, lo que me daba respeto, también estaba el asunto de mi padre, ese (junto con el parecido y la cicatriz que desfigura mi rostro me daba incluso más respeto y claro, odio, toneladas de odio y deseos de venganza.

Pero cuando creces con matones alrededor, esas miradas se pueden imitar e incluso, prevenir. No estoy orgulloso de mi procedencia. Bueno, del lado paterno al menos, en especial con el asunto de la demencia corriendo por mis venas. De mi madre estoy bastante orgulloso. Incluso aunque ahora, a sus cincuenta años, perezca una inocente mujer mayor con mal humor.

- Trajimos la mercancía - escupe Sergey, llamando mi atención, estamos en uno de mis bares, desde que empecé a meterme con los negocios turbios de mi familia, y tambalearme entre lo políticamente correcto y lo ilegal, decidí mantener los negocios en bares y cantinas de mi propiedad. Este, el Mistic Grill era uno de mis favoritos de Praga, era un bar a la antigua, había jazz y perlas, vino y rameras, era perfecto, pero Sergey, aquí presente. Un sujeto larguirucho y con cara de elfo domestico (sí, me gusta Harry Potter, mamá solía leérmelo cada noche, siempre haciendo muecas y ruidos con su boca para hacerme reír) orejas grandes y nariz ganchuda - Paganos

- ya te pagué - le recuerdo - estás vivo ¿acaso quieres más? - sus orejas enrojecen y escupe en el piso

- Vladimir sabrá de esto - amenaza, miro a Luke, mi fiel amigo del crimen, que esconde una sonrisa divertida

- Dale los saludos al tío Vlad - pido antes de despacharlo con un gesto vago. Dos de mis matones, la verdad es que no tengo idea de sus nombres, solo que son grandes, fornidos y calvos, Luke los llama Twedeldee y Twedeldum, pero yo prefiero más algo como, Martillo y Yunque, no me pregunten la razón.

- Pagarás por esta m****a Constantine - asegura antes de salir de la oficina. Yo llamo al tío Vlad, solo para asegurarme

- ¿a quién cabreaste ahora? - es su saludo

- Sergey - me río, al igual que él

- Me sorprende que siga haciendo estas cosas... ¿revisaste la mercancía? - pregunta, su acento ruso es pesado y ronco - Sergey puede ser un grano en el culo, pero es eficiente

- Sabes que no me quedaré con la mercancía - digo haciendo una mueca, Luke me mira divertido y nos sirve un trago, mi amigo es alto y fornido, pero su cuerpo es más atlético y delgado que el mío, él es más como un puma, yo soy un...un...no sé, de no ser porque mi rostro es una m****a, me atrevería a hacer la broma de Adonis

- Tú y tu moralidad - se mofa Vladimir - ¿sigues creyendo que limpiarás tu conciencia?

- No, pero prefiero la droga que la trata de personas - le recuerdo, él debe estarse rascando la barba

- Sobrino, sobrino... ¿cuándo te vas a dar cuenta? Como sea, salúdame a tu madre - añade con cariño, Vladimir era el hermano menor de mi madre, y se había hecho prominente, aunque me había dejado dirigir la mayor parte de sus negocios desde hace un tiempo.

- Lo haré - aseguro antes de colgar. Tomo el trago que Luke me tiende - Vamos a ver la mercancía - digo con amargura, era cierto lo que dije sobre la trata de personas, en poco tiempo me formé una reputación como fetichista y conseguía que me trajeran todo tipo de mujeres (y más hombres de los que me gustaría) como ofrenda de paz, intento de soborno o moneda de cambio.

Los aceptaba todos, solo para asegurarme de liberar a las victimas una vez que dejaban de circular en el mercado negro.

Luke asiente, sus ojos están enrojecidos, es un hombre de pocas palabras, y duro como la m****a. Yo daba miedo por mi rostro y las pocas peleas que me ganaron el título de “Diablo” en los alrededores.

Ahora yo reinaba en el infierno, pero nadie sabía que solo era otra alma en pena haciendo un poco de penitencia. Aunque no lo crean, soy creyente, otro valor inculcado por mi madre, quien encontró la fe en un lugar realmente jodido, en un punto aún más jodido de su vida.

Vamos hacia una escalera estratégicamente oculta tras el escenario, estas dan al sótano y luego al sistema de túneles que nos llevarían al puerto. Donde hay veinte chicas esperando ser vendidas al mejor postor.

Pero esta vez, los hombres de Sergey no son los únicos presentes, hay otros tres grupos rodeando los contenedores en cuanto llego, el frío de la noche me golpea, es agradable y tan relajante como se puede, camino con paso decidido hacia las personas esperando

-Pero si es el Diablo en persona - llama Gregory Saltsman, uno de los hombres con más prominencia en la trata de personas, me tenso de inmediato al estar frente a él - El hijo de Constantine, menuda reputación, muchacho

- No tan buena como la tuya, Saltsman - replico levantando una ceja y señalando a las dos mujeres a sus pies, deben tener frío, están semi desnudas y obedientes junto a él, que tiene un par de correas en su mano - ¿nuevas mascotas?

- Sergey mencionó tener un nuevo cargamento - se limita a responder - estaba esperando ver al gran Constantine en acción

- ¿y qué hay de tus amigos? - añado señalando al otro grupo de hombres a un par de metros, él se encoge de hombros

- Negocios, Vladimir me debe treinta chicas, vine a cobrar - explica, caminando hacia el lugar, lo sigo, renuente a dejarlo ir - pero te dejaré escoger, escuché que te gustan las que dan pelea...las pelirrojas.

- ¿cómo es que Vlad no me dijo nada de esto? - pregunto a Luke, quien luce tan sorprendido como yo

- Huele a trampa - murmura mi amigo, en voz tan baja que me cuesta un poco entender sus palabras - ¿crees poder hacerlo?

Asiento sin decir nada, no soy un santo, pero tampoco me considero un hombre cruel, en especial si puedo evitarlo, pero en momentos como este, donde alguien quiere acabar con mi juego solo para imponer un régimen peor, son momentos en los que tengo que sacar esa parte oscura de la que me arrepiento desde los diez años, cuando finalmente había visto el monstruo en que mi padre planeaba convertirme.

Sigo a Sergey hasta la zona de carga, donde los sollozos y el ruido de las cadenas llena el aire, hay un total de sesenta chicas entre los dieciséis y los veinticuatro años, un par un poco mayores, pero igual que todas las demás, hermosas y llenas de vida.

Yo dirijo este infierno, y ahora ellas son prisioneras, una de ellas mira mi rostro y grita asustada, arrimándose contra su compañera, más asustadas de mí que de Sergey, es curioso, nadie realmente es consciente de que el verdadero enemigo es el hombre con las correas de cuero en sus manos, no yo, quien al igual que algunos naturalistas, decide comprar el espécimen solo para liberarlo.

- Tenemos una que te podría gustar - asegura Igor, es uno de los míos, su tono no solo es el típico de los matones, sino que me habla con una urgencia especial que consigue llamar mi atención - Es pelirroja - añade

- Tráela para mí - ordeno mientras me arrodillo junto a una rubia de ojos claros que llora desconsoladamente, tiro de su cabello para evaluar su rostro, y maldigo al ver el horrible hematoma en su mejilla - Sergey - llamo cabreado, el hombre pone los ojos en blanco y camina hasta mi - ¿Qué coño te dije? ¡En la cara no! ¿Como puñeteras las vamos a vender con la cara así?

- La quieren de puta, no de modelo - escupe cabreado.

Suspirando me levanto y sigo dando una ronda, intentando memorizar algunos rostros y haciendo inventario mental de las heridas. Luke, siempre fiel a mí, toma fotografías a las que lucen más graves.

- Tomare a mis chicas - anuncia Saltsman haciendo un gesto vago con la mano y seleccionando a la mitad - Me gustaría hablar de negocios mañana temprano - añade mirando - Vladimir aseguró que aún sigues los pasos de tu madre

- Cuando estoy aburrido - repongo con una sonrisa tan maliciosa como las de mi padre - ¿A quién quieres que mate?

- Así me gusta muchacho - asegura riendo, como si le hubiera contado el chiste del año.

Una vez que veo con pesar como arrastran a varias de las mujeres, cierran la bodega y doy la orden de que paguen a los hombres de Sergey

- ¿el nombre Tamara te suena de algo? - pregunta Luke luego de un rato, tiene un rasguño en la mejilla y los nudillos ensangrentados

- No, pero supongo que fue la que te hizo eso - digo divertido, pero miedo con desaprobación su nudillo

- Lo siento, hermano. Fue un reflejo - se encoge de hombros, no sintiéndolo en absoluto - Pero deberías ir a verla, Igor dice que te interesará.

Asintiendo doy una última orden para cerrar todo el lugar y solo mis diez hombres de más confianza permanecen, ellos drogarán a las chicas para hacerlas más dóciles y luego se encargarían de ducharlas y darles algo de ropa y comida, finalmente, Gertrudis, una vieja mujer amiga de mi madre se encargaría de entablar conversación y averiguar donde vivían, quienes eran antes de que las tomaran de sus familias y seres queridos. Y en menos de un mes, todas estarían en sus hogares.

Cuando estoy llegando a la oficina adjunta en el depósito, escucho un muy cabreado grito femenino, intento recordar alguna Tamara, pero no doy con ninguna, en cuanto abro la puerta, Igor se ha cabreado y sujeta a la pelirroja por los brazos, presionándola contra mi escritorio

- Quieta, muchacha - gruñe

- Sédala - ordeno sacando mi teléfono, ha sonado y es una llamada de mi madre, por lo que contesto justo cuando Igor inyecta a la chica en el hombro.

- ¿Podrías decirle a tu padre que no voy a vender mis armas? - no puedo evitar sonreír, mi madre es todo un personaje.

- No las has tocado en diez años, y no las vamos a necesitar - Gruñe Max, mi segundo padre, por lo que supongo que esto en el altavoz

- ¿Estamos hablando de todo el cargamento? - pregunto

- sí - se queja Max

- No - se queja mamá

- Por el amor de Dios, mujer - gruñe ahora el hombre, haciéndome reír.

- Cuando lleguen a un acuerdo, me llaman - me quejo antes de colgar.

Me doy la vuelta para examinar a la chica, pero dudando de que sea el mejor lugar, le indico a Igor que me siga, el hombre se asegura de atar bien sus manos y pies antes de cargarla al hombro. Tenía otros asuntos que atender y no demasiado tiempo para ella, en especial con Saltsman alrededor.

Regresamos por los túneles y discretamente nos colamos en mi recamara. Tengo una en cada negocio por si necesito un lugar para pasar la noche.

- Ponla en la cama, yo me encargaré - pido mientras me desabrocho los vaqueros y entro al baño, necesitando una meada urgente.

Una vez que termino de asearme, me estoy poniendo una nueva camisa cuando escucho un quejido débil desde la cama.

La pelirroja, quien hasta el momento es solo un montón de brazos y piernas, se ha movido y no luce demasiado cómoda.

Me acerco a ella y desato sus manos, maldiciendo al ver las raspaduras alrededor, con sus tobillos es exactamente igual, tiene una blusa de mangas largas que fue blanca en algún momento, necesita una ducha así que me aseguraré de que la tenga. Pero en cuanto empiezo a rasgar su blusa, intenta alejar mis manos torpemente.

- N-no - jadea

- Shhh, tranquila, no pasa nada - aseguro apartando el cabello de su rostro. Y en cuanto lo hago, mi estomago se contrae.

Sus ojos revolotean ligeramente y el reconocimiento cruza por su rostro por un segundo antes de caer dormida otra vez.

La puta m****a.

Solo para estar seguro, termino de deshacerme de su ropa, cortando aquí y allí, maldiciendo cada vez que encontraba un moretón o alguna herida, y cuando está en ropa interior, creo que estoy teniendo un ataque de pánico.

Ella no era ninguna Tamara. Era Talia, la jodida Talia Connors.

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