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Capítulo 28. Un dolor que no se olvida

M A X I M I L I A NO

Mis dedos acarian la piel desnuda de Mila, quien está dormida a mi lado, con su rostro recargado cerca de mi corazón, su mano descansa sobre mi estómago. Suben y bajan lentamente como un arrullo. El dolor de la rodilla había cesado después de tomar el medicamento, con cuidado, hicimos el amor, no nos había detenido el que mi rodilla estuviese alzada, una sonrisa escapa de mis labios, el catamarán se mueve en un arrullo constante por el mar, por un momento peleo para evitar cerrar mis ojos, no quería dormir, dentro de mí tenía temor de que todo lo que habíamos hecho, que su presencia, sus besos, sus caricias, solo fueran un sueño demasiado bueno, había pasado por tantas situaciones que por un momento había perdido la esperanza de tenerla a mi lado.

―No quiero dormir...―susurro para mi mismo. ―No quiero despertar