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Capítulo 6. Una promesa

MAXIMILIANO

— ¿En el muelle? ¿Estaba sola? —el nudo en medio de mi estómago crece provocando que me tense más rápido, me levanto de mi cama y me siento en la orilla, enciendo la lámpara que está en mi mesa de noche. —Te espero en el despacho para que me informes cada detalle.

Cuelgo el móvil y miro perdido en algún punto de la alfombra. ¿Qué estaba haciendo Mila en el muelle a estas horas? Miro el reloj que se encuentra a un lado de la lámpara: 1:38 am. Ella debe de estar durmiendo normalmente. ¿Habrá pasado algo? Me levanto como un resorte y busco una camiseta de algodón, salgo de la habitación y bajo las escaleras. Llego a mi despacho y encuentro a Marco en el móvil preocupado.

— ¿Qué mierdas hacia Mila en el muelle a horas de la madrugada? —espeto furioso y preocupado al mismo tiempo. Me dejo caer en la silla que está en el escritorio y paso ambas manos por mi rostro frustrado.

—La señorita Davis ha salido de la casa de sus padres, después de tomar la interestatal ha llegado al muelle, Erick informa que estaba sola, descalza y que se había quedado como pensativa frente al catamarán.

El corazón se agita.

— ¿Pensativa? —pregunto intrigado. Marco asiente. — ¿Crees que haya recordado algo? ¿Qué...? —me detengo, la piel se me eriza por completo.

— ¿Señor Rogers? —Marco me llama. Agito mi cabeza frustrado.

—Lo siento, es solo que sabes cuánto tiempo ha pasado, ¿Ella podría haber recordado algo? —Marco usa su móvil y lo pone en altavoz.

—Erick—contesta del otro lado de la línea.

—El señor Rogers está presente—informa Marco.

—Buenas noches, señor Rogers—dice Erick.

—Buenas noches, ¿Puedes darme detalles de lo que acaba de pasar? —pido.

—La señorita Davis estuvo en la mansión de los Davis debido al cumpleaños del padre, salió alrededor de las 12 am, llevaba la misma escolta solo que ahora tomaron más distancia de la normal, yo pienso que debió haberse dado cuenta que la escolta la seguía ya que comenzó a esquivar los autos a una gran velocidad...—me tenso. Ella no debió haber manejado de tal manera por más furiosa que estuviese—después llegó al muelle, la escolta no apareció. Ella bajó descalza y caminó por todo el muelle hasta quedarse unos quince minutos aproximadamente sentada al final del lugar, yo entré al catamarán para no ser visto, cuando me di cuenta que se había levantado, caminó hasta que se detuvo a unos metros del catamarán de usted, después se quejó de dolor de cabeza, me alarmé pero se repuso y me sorprendió que se inclinó en busca de algo, me di cuenta que estaba viendo la placa dorada donde dice M.M RS, lo repitió en voz baja, así que salí. Realmente estaba muy oscuro como para que estuviese sola en el lugar, hizo preguntas que, si era el dueño del catamarán, y luego preguntó si nos habíamos visto, se veía extrañada.

— ¿Le dijiste algo? —pregunto preocupado.

—No, le dije que no. Pero ella se veía como si hubiese tenido algún recuerdo, en lo personal. —mi corazón se agita a toda prisa. —Después se despidió y salió hasta su auto, esperé hasta que su auto se retirará para seguirla, llegó a su departamento y ya no ha salido.

—Gracias, Erick.

—De nada, señor Rogers. Yo aún...—se detiene.

—No fue tu culpa—le digo seguro.

—Pero de haber detenido el choque, ella no hubiese perdido la memoria y usted no tuviera su rodilla mal... y…—se escucha cargado de culpa.

—Pero las cosas sucedieron así, deja de culparte. Necesito un informe completo, mañana a primera hora. Descansa—nos despedimos, cuelgo la llamada.

— ¿Está bien, señor Rogers? —pregunta Marco preocupado. Niego, me paso ambas manos para aligerar un poco de tensión por mi rostro.

—Mila ha cambiado su rutina, ella ha seguido algún... ¿Cómo le dicen? —no encuentro la palabra.

— ¿Instinto? ¿Recuerdo? —Intenta Marco, pero no sé cómo definirlo.

—No sé, ¿Desde cuándo ella ha cambiado su rutina en estos veinte meses? No lo había hecho.

— ¿No le ha informado algo nuevo el doctor que la atiende? —me recargo en mi respaldo.

—No, no se ha podido comunicar desde cuando descubrió que el padre de Mila lo tiene vigilado, no quiere poner en riesgo su licencia y que pierda a Mila como paciente. No nos conviene, lo último que envió fue que tenía fuertes jaquecas, pero le recetó dos tipos de pastillas para calmar, dice que es por lo mismo del accidente. —cierro los ojos e intento no ir ahí. A esa noche, el nudo sube por mi garganta evitando que pueda seguir hablando, Marco se da cuenta y en silencio se retira del despacho. Me levanto y me acerco al mueble de las bebidas, me sirvo dos dedos de mi licor favorito. Abro las puertas dobles dejando que la brisa de la madrugada entre a casa. Me recargo en el pilar y doy un sorbo. Miro el gran jardín delantero de la casa, a lo lejos se ve las dos grandes puertas para entrar. Cierro los ojos al dar un segundo trago a mi bebida, el ardor que provoca al bajar por mi garganta aleja un poco mis pensamientos.

—Mila, mi dulce Mila, ¿Qué es lo que está pasando por esa cabeza? ¿Me recordarás? ¿Pensarás en el tipo que elogió tus gofres? —las lágrimas de la impotencia caen mientras termino mi bebida de un solo trago. Miro el vaso de cristal en mis manos y lo arrojo recordando esa última noche.

"— ¿Vas a usar esa pajarita? —Mila camina hacia mí, tengo el cajón de las corbatas y pajaritas abierto y con una de esta última en mi mano. Ella arquea una ceja mientras me da un repaso—Me gusta más la gris oscura, hará juego con mi vestido—y baja la mirada y le sigo. El vestido se adhiere a su cuerpo impresionante, cayendo la tela desde sus caderas en línea recta hasta la alfombra. Su escote es en V hasta el centro de su estómago, es perfecto y elegante. No enseña mucho y es lo que me fascina, muestra la palidez de su piel, pero solo poco. Su cabello está recogido en un moño rebelde y sus aretes son discretos a juego con el vestido.

—Estás perfecta—ella sonríe y el brillo de sus ojos me dan pista de lo que está pensando—Recuerda que tenemos que estar antes que los demás, subiré a dar ese discurso y tendremos lo que sea que estés pensando después de la cena—ella se sonroja, entreabre sus labios para tomar aire.

—Haces que te desee como loca, te gusta, ¿verdad? —La tomo por la cintura y la atraigo contra mi pecho, atrapo su labio inferior y lo chupo descaradamente.

—Tú me vuelves loco, a cada minuto, a cada maldito segundo te deseo, si no tuviera el discurso y el compromiso de asistir, créeme, estaría desvistiéndote aquí mismo, y te haría mía como no tienes una maldita puta idea...—mi nariz roza la curva de su cuello para olerla y ella se estremece— Mila, mi dulce Mila.

Ella tiembla en mis brazos, su mano acaricia la parte de frente de mi pantalón y siente mi erección. Tiemblo a su toque...

—Es una promesa—asiento dejando varios besos fugaces por su rostro. —Marco y Erick esperan para irnos, ¿Te ayudo con la pajarita? —Sonríe descaradamente."

Entro al despacho, cierro las puertas que dan al jardín y agarro el porta-retrato que adorna mi escritorio y mi segundo lugar de trabajo—Duele tanto tu ausencia, cariño...—acaricio su rostro en la fotografía. Una de las que me recuerdan una etapa feliz a su lado:

Cuando fue...mi señora Rogers.

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