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Capítulo Cuarenta y siete

Íbamos cruzando rápidamente la Motorway, habíamos tomado la autopista para llegar pronto al Hospital Saint Thomas, Ryan quería respuestas y las quería de inmediato. Si la corazonada era cierta y Joseph lo sabía, entonces era muy probable que desde el primer momento que cruzó por mi puerta supiera quien era yo.

Mi mente arrojó el recuerdo de él observando las narcisas sobre la mesa y mi nombre tomado de ellas.

– Bip – bip –

––

¿Aún estás viva?

Warren Caruso

––

Tomé mi teléfono celular y cuando vi ese mensaje, el mundo cayó a mis pies. ¿Cómo podía saber Warren esa información? Solo había estado Ryan conmigo, era él el que me había salvado de morir por mi propia mano.

La respiración se me empezó a entrecortar. ¡Ryan, no! No podía sospechar de nuevo en él. Mi corazón se negaba a hacerlo, tener confianza en una persona siempre era tan complicado. Pero con él era fácil, aunque muchas cosas lo hicieran ver de diferente manera…