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17. Dar duro. MATEO.

MATEO.

Cuando desperté, a la mañana siguiente, Cali estaba dormida sobre mí, no entendía en qué momento había sucedido para no darme cuenta. ¿En qué momento había llegado a mi habitación?

Se desperezó casi al instante, sin que me diese tiempo a reaccionar, y levantó la cabeza para mirarme. Sonreí calmadamente, pero para mi sorpresa, no me devolvió la sonrisa, tan sólo se quedó allí, observándome con detenimiento.

Nuestras respiraciones crecieron sin saber muy bien por qué, mientras que levantaba la mano y la posaba sobre sus labios, acariciando estos, despacio, provocando que ella abriese la boca, y me mirase con deseo.

Aquello se estaba descontrolando, lo sabía. Me lancé contra ella en ese mismo instante, uniendo mis labios a los suyos, dejándome llevar por el deseo, mient