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Epílogo

MATEO.

Estaba borracho, muy borracho, y destrozado, totalmente hundido, era incapaz de mirar hacia la chica que tenía delante, incapaz de dejar de llorar frente a ella.

  • No te preocupes, Matty – me aseguraba ella, mientras me desabrochaba el cinturón y el botón del pantalón, para luego sacar mi pene a escena – voy a hacer que te olvides de esa idiota – insistió, para luego meter mi miembro en su boca y comenzar a hacer su magia. Pero aquella vez ni siquiera eso podía sanarme, y supe que si eso no lo hacía ya nada jamás lo haría.

  • Necesito verla – le dije, apartando a Sandra, subiéndome los pantalones, y saliendo de la casa, dejándola sorprendida con ello.

Me monté en la moto, con dificultad, y conduje poniendo gran atención en no pegármela, hasta llegar al campus, y e