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23. El ladrón de besos (CALIPSO/MATEO)

MATEO.

Cuando llegamos al taller, ambos estábamos empapados, pero por primera vez en mi vida, me daba igual, tan sólo quería estirar el tiempo con ella un poco más, y parecía que ella sentía justo lo mismo ante su negativa de volver a casa.

Abrí con mi llave, agradecido de que papá hubiese decidido cerrar antes, pues de lo contrario no podría tener esa clase de intimidad con ella.

Entramos y caminé hacia el fondo de la nave, mientras ella se detenía a mirar los coches y motos que había por el camino, pasando su mano por el capó de alguno de ellos, y por el sillín de otros.

  • Hola de nuevo – bromeé cuando hubo llegado a dónde me encontraba, justo al lado de una moto cubierta por una lona. Ella sonrió, de esa forma que tanto me gustaba, haciéndome casi imposible pensar con claridad. ¡Dios! ¿C&o