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El tren encantado: una leyenda de guerrillas

En un país de Latinoamérica donde Rogelio Morales era ciudadano se corría la voz que ser joven era un delito, por lo tanto, todos los muchachos tenían prohibido reunirse en privado, tampoco se les permitía caminar en la calle a media tarde, mucho menos salir al parque por la noche. Al escuchar el rugido de los Jeeps camuflados de la guardia los muchachos corrían y se ocultaban en las casas de los vecinos, incluso trepaban los techos y, ahí permanecían ocultos hasta que la guardia se marchaba. A diario se veían jóvenes contra la pared o boca abajo en el pavimento siendo requisados. El dictador temía de los rumores que se escuchaban en la montaña. Rumores que eran ciertos, muchachos decididos por derrocar el gobierno huían de la ciudad para aglomerar un ejército de rebeldes armados.