Buenovel

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Capítulo L

Salto raíces salidas y ramas caídas. Los pulmones se me queman por el esfuerzo. Evito tener un rasguño con cada hojarasca que encuentro en el camino. Disminuyo la velocidad al por fin escuchar voces. Una algarabía, más bien. Lo primero que diviso son espaldas y personas de medio lado con los brazos cruzados. Discuten algo, no de manera agresiva, sino agradecida y estupefacta. Camino hacia el primer grupo. Son todos los habitantes del bosque, incluso los que viven en el sur. A tirones y empujones logro llegar al centro. Busco con la mirada esa cabellera rojiza de mi padre, pero no la encuentro. Desisto entonces. Sin embargo, me pongo a hallar la de Lion o la de Tiger, ¡la de cualquier conocido! No encuentro a nadie.

Me empujan por la espalda.

Maldigo por lo bajo.

El portón del cuartel está cerrado. Con esfuerzo, me acerco a la rejilla y mediante el metal logro examinar a un guardián encapuchado y enmas