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Capítulo LXXXV

PARTE X

Caída de peones

Me tambaleo hasta llegar al inicio del pueblo. Dejo caer un suspiro y dirijo la atención al firmamento, como si en él hallase a mi madre. Reprimo el temblar de mis labios al atisbar a mi padre, esperándome en el porche, sentado con sus codos sobre las rodillas y la barbilla posada entre sus manos. Miro la muñequita, ya está dura y un poco caliente; decido guardarla en el bolsillo interior de mi chaqueta, muy cerca a mi pecho, como recomendó Eva.

Me acerco con parsimonia. Alza sus orbes oscuros y una sonrisa se le dibuja en la cara al saber que soy yo. Me da espacio para sentarme a su lado.

—¿Cómo estás, mi niña?

Imito su posición.

—Cansada, un poco asustada, ansiosa. Falta tan solo medio día para partir y ya siento que estoy en ese momento, allí, c