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Capítulo LXXVII

PARTE IX

Piezas de vida puestas en el tablero

El hechicero me venda para tener presión en mis costillas, para que no se desvíen hasta que el proceso de curación cese. Como predije, mi compañero corrió hacia mí al darse cuenta de que no regresé. Me cargó y me llevó con la enfermería del cuartel. No me llevó con Eva, que me hubiese tratado en un santiamén. No sabía mi relación con ella.

—Estarás bien. —Toquetea mi esternón—. Solo tuviste un rasguño por parte de una costilla, así que dentro de unas horas estarás como nueva, por lo menos dentro de nueve. Y... —se gira para sacar un estuche y me ofrece un frasco con unas hierbas azuladas en su interior— dile a tu padre que te prepare un té cada dos horas, ¿vale? Él ya está de