Buenovel

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Nadie puede escapar

La mañana había vuelto a aparecer y con pesar para algunos, el alba no había traído consigo el regreso de Arturo. Todos estaban conmocionados, nadie imaginaba donde estaba: ¿en verdad había huido y dejado todo atrás? ¿Realmente había abandonado a sus amigos en un futuro incierto?

—¿A dónde vas? —le preguntó Keane a Elina, extrañado por verla cargar un pequeño bolso en su brazo.

—Me voy —le dijo, sin mirarlo fijamente, evadiendo las reprimendas.

—¿A qué te refieres con que te vas? —le gritó— ¡No puedes dejarnos así nada más?

—¡Él se ha ido!... Y no planea regresar, por eso me voy a un lugar donde pueda seguir descubriendo quien soy, al menos en lo que le queda de vida a esta isla.

—¡¿Entonces te rendirás así de fá