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Todo por una llave

Mientras los demás preparan todo lo considerado necesario para el viaje y el allanamiento, Tomas, Cristian y Andrew se adelantaron para inspeccionar la casa Wessex.

—Está vacía, de no ser por los dos guardias perezosos que se mantienen en las afueras, la casa podría pasar por abandonada —expuso Andrew.

—Excelente, no habrá problema entonces —dijo Arturo, manteniendo su serenidad intacta.

—¿No hay cámaras? —cuestionó Elina, con objetividad.

—No, revisamos cada esquina, no había ninguna —respondió Tomas.

—Suena muy sencillo, los Wessex no mantendrían todos sus tesoros sin la debida protección —replicó.

—Tal vez se creen intocables, o que nadie se atrevería a entrar a su propiedad —insinuó Cristian.

—Como sea, es hora de irnos —ordenó Keane.