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EL NIÑO DE LA TIERRA

—Symeon no está.

Escuché miedoso las palabras de ese hombre. Jeorg lo miró con una mezcla de fastidio y enojo. A pesar de la apariencia de maleante del tipo, el que más temor me daba era el Daoslediano.

— ¿Gabriel, cómo que no está? La reunión era con él.

Nos encontramos con el mercenario en un barrio muy periférico de Quito, donde esperábamos no llamar demasiado la atención. El hombre que hablaba con Jeorg era alto dentro de los estándares humanos, corpulento, de piel casi morena y ojos negros. Su cabello largo está bien peinado hacia atrás, envuelto en una tensa coleta.

Al ver el tipo de lugar y de gente con la que trataríamos me quedé anonado y Yaroit intentó tranquilizarme con una simple frase. "Estamos reuniendo un ejército", contó, suponiendo que no hacían falta más explic