Buenovel

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DEYNIA

Lo supo cuando lo vio. 

Fue solo un atisbo metálico, un pequeño destello de luz reflectante, el ruido que produjo cuando la pala chocó con él.

Ahí estaba, de pie, por fin frente a frente con lo que tanto buscó. Por un momento deseo que Ivan estuviese con ella, pero aparto rápida el estúpido pensamiento. 

Laius Pereonte fue el primero en acercarse, en un gesto infantil que no reprimió, aunque debería. Los intensos focos incandescentes que llevaron consigo brillaban provocando sombras extrañas en el ambiente circundante.

La luna se encontraba esa noche en su punto álgido y la selva silenciosa mientras Laius bajaba por el agujero excavado. Los demás soldados permanecían contemplando bajo las intensas luces el agujero a sus pies, donde en el centro se ocultaba el tesoro que tanto esperaban encontrar. Aunque oxidado y sucio, en algunas partes el metal pa